¿Sabías que la “brillantina» de las manualidades, nació en realidad como un residuo industrial y como producto la ley exige que los trabajadores la manipulen con mascarillas profesionales?
Por Romy Bernal Díaz, Periodista | Becaria GAIA | Fundadora Conciencia Verde
Realizando labores domésticas, sin darme cuenta, metí a la lavadora una polera de mi niña que había descartado por tener brillantina. Al colgar la ropa, ¡horror!, toda la carga estaba envuelta en cientos de puntitos grises metálicos que no sabía lo que eran; finalmente, descubrí que había metido, por error, la pieza de ropa con brillantina, conocida también, como: glitter, purpurina, diamantina o escarcha.
Enjuagué la ropa de nuevo y la sacudí, pero no se desprendió por completo. Y, cuando vi el polvo de brillantina arrastrado por la brisa tibia de la mañana, pensé: ¡Odio este producto, se pega en todo!, ya viene en juguetes, lo usan en manualidades en las escuelas, ¡más encima ahora lo ponen en la ropa!, con lo peligroso qué es.
¡Ay, cuánto escándalo por un poco de brillo!, pensarán algunos.
Y, responderé: Sí, es un escándalo que no informen a las personas sobre los peligros asociados al uso de brillantina. Te explico.
¿Qué es la brillantina?
La brillantina (purpurina/glitter, etc.) no es un producto único, sino un término genérico que esconde materiales con distintos niveles de peligrosidad. La más común es un microplástico compuesto por láminas de tereftalato de polietileno (PET) o PVC, recubiertas con aluminio y tintes sintéticos para lograr su brillo. Sin embargo, existe también la versión metálica o broncina, que consiste en polvos de aleaciones de cobre y zinc, y la brillantina de vidrio alemán, fabricada con cristales triturados y recubiertos de plata.
El grave problema es que, al llegar al consumidor, estas variedades suelen venderse sin un etiquetado claro que especifique su origen. Así, mientras la gente cree adquirir un simple artículo decorativo, introduce en el hogar o la escuela partículas que pueden ser desde contaminantes ambientales persistentes (plásticos) hasta fragmentos cortantes o metales pesados, sin saber que cada tipo requiere medidas de seguridad específicas para evitar daños oculares, cutáneos o respiratorios.
LA PARADOJA DE LA SEGURIDAD: PROTEGEMOS AL TRABAJADOR, PERO NO AL NIÑO/A
Existe un vacío legal alarmante, sobre todo por la dualidad con la que tratamos un mismo material dependiendo de quién lo manipule.
Por un lado, el Decreto Supremo 594 en Chile es sumamente estricto al regular la exposición de adultos a micropartículas plásticas y metálicas. La ley reconoce que estas sustancias pueden causar daño pulmonar mecánico (irritación, tos o daño nasal) y, por ello, exige proteger al trabajador mediante:
-
- Barreras físicas: Uso de antiparras herméticas y mascarillas con filtro de partículas de alta eficiencia.
-
- Control ambiental: Instalación de sistemas de extracción forzada para que el polvo no quede suspendido en el aire.
-
- Protocolos de higiene: Provisión de casilleros dobles para que el trabajador no se lleve las partículas adheridas a su ropa hacia su hogar.
Sin embargo, esa misma sustancia —compuesta por los mismos polímeros y metales— se comercializa libremente en formatos escolares. Mientras en la industria el Estado vigila que no se respire ni un miligramo de este polvo, en las salas de clases se permite su uso sin ninguna advertencia sobre su dispersión aérea. Es, en esencia, la misma amenaza física, pero sin ninguna de las protecciones que la ley chilena ya considera obligatorias para los adultos.
Esta falta de información se debe, en gran medida, a que la normativa actual se centra principalmente en la toxicidad química (presencia de metales pesados como el plomo) y no en el riesgo físico del material particulado. Al no ser ingerida masivamente, se ignora que el juego infantil a menudo implica soplar o esparcir estas partículas, convirtiendo el espacio de juego en una microzona de exposición similar a la industrial, pero sin la protección de un respirador.
La ciencia es clara y los riesgos son sistémicos, por ejemplo:
Según Quiroga y Zanetta (2022) la inhalación de la purpurina metálica (Cobre y Zinc), es una urgencia endoscópica. Un niño de 15 meses terminó en ventilación mecánica con anemia hemolítica y asfixia tras ingerir este polvo. Es un veneno metalizado que pasa directo a la sangre.
En tanto, el glitter de plástico (PET + Aluminio), lo que se conoce como microplástico, actúa como material particulado fino al pulverizarse (MP2.5). Al ser tan diminuto, evade los filtros naturales de la nariz y se aloja en los alvéolos pulmonares. Además, Balwan y Kour (2021) advierten que libera disruptores endocrinos (sustancias químicas capaces de mimetizar nuestras hormonas y alterar el crecimiento o desarrollo) que alteran el sistema hormonal infantil.
Pese a la seriedad de estos análisis, este material se vende sin ninguna advertencia en bolsas en librería, tiendas de arte, y está adherido a ropa, calzado, juguetes, y maquillaje (infantil y adulto), etc. Una niña puede dormir en una habitación saturada de este polvo desprendido de su pijama sin ninguna advertencia de seguridad.
Me pregunto: ¿por qué consideramos «seguro» para la niñez lo que durante su fabricación se califica como «riesgo industrial» para un adulto?
EL MARKETING DE GÉNERO: LA «TRAMPA DEL BRILLO»
Lo más dramático es que la brillantina no se inventó para jugar; nació de una falla en una fábrica de Nueva Jersey en 1934. Henry Ruschmann trabajaba cortando láminas de materiales para usos industriales, hasta que un día, su máquina trituradora falló y empezó a picar láminas de plástico y metal en trozos minúsculos, casi polvo. Lo que debió ser basura o un error de producción, terminó convirtiéndose en un negocio para la industria.
En los años 40-50, se limitaba a usos industriales, como «nieve» decorativa para árboles de Navidad y aplicaciones militares (como el chaff usado para desorientar radares). Para los años 60-70, saltó a la moda de adultos, convirtiéndose en un producto de nicho en la cosmética y el movimiento Glam Rock.
Y, en los años 80 y 90, ocurrió la explosión masiva. Y, la desregulación de la publicidad infantil permitió que la industria química y juguetera tomara estos residuos y les diera un «nuevo nombre» como materiales de arte escolar. Fue en este punto donde se omitieron deliberadamente las advertencias de seguridad que estos mismos materiales tienen en las plantas de producción, entregando un polvo de máquinas a los niños como si fuera un juguete inofensivo.
Este salto al consumo infantil fue impulsado por el marketing de género (una táctica publicitaria que surge con fuerza en los años 80 para segmentar mercados mediante estereotipos, asignando colores y roles específicos a cada sexo). A través de esta estrategia, se creó la «trampa del brillo»: al asociar la brillantina exclusivamente con la «feminidad» y la «magia», se despojó al producto de su identidad real: un residuo plástico o metálico.
De este modo, se produjo y sigue produciéndose una invisibilización del riesgo, mientras a un niño que utiliza herramientas (asociadas al rol masculino) se le advierte constantemente sobre cortes o golpes, a las niñas se les entregan polvos de microplásticos o metales (cobre/zinc) bajo una narrativa de «belleza».
Esta narrativa anula la percepción de que están inhalando o manipulando sustancias que en cualquier fábrica requerirían protección respiratoria profesional, es decir, un punto ciego sanitario que pone en mayor riesgo a las niñas.
En otras palabras, la brillantina nunca fue un juguete. Y, al etiquetar el brillo como algo «propio de niñas», la industria del marketing logró que un material particulado peligroso fuera percibido como algo inofensivo. Hemos aceptado, por una presión estética y de mercado, que la niñez manipule sin protección lo que un obrero solo tiene permitido tocar con mascarillas y protocolos de seguridad industrial.
EL GIGANTE INVISIBLE: TONELADAS DE CONTAMINACIÓN POR DISEÑO
Desde la perspectiva de GAIA (Alianza Global para Alternativas a la Incineración), la brillantina debe ser clasificada como lo que realmente es: un microplástico primario. A diferencia de otros plásticos que se fragmentan por el paso del tiempo, este material es un contaminante fabricado deliberadamente con un tamaño diminuto para ser dispersado. Según datos de la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA), se estima que solo en la Unión Europea se liberan anualmente cerca de 42,000 toneladas de microplásticos añadidos intencionalmente a productos de consumo.
Para comprender la gravedad, considera estos devastadores impactos:
-
- El Plástico como Cóctel Químico: GAIA sostiene que los microplásticos no son partículas inertes, sino vehículos de aditivos tóxicos. En el caso de la brillantina, su estructura de PET y metales actúa como un soporte que transporta colorantes y metales pesados. Al ser manipulados o ingeridos, estos componentes se «lixivian» (se desprenden), liberando sustancias químicas directamente en el organismo o en las fuentes de agua, lo que representa una amenaza constante a la integridad biológica (eso incluye a los humanos).
-
- Injusticia en el Diseño y Responsabilidad: Bajo el análisis de la Responsabilidad Extendida del Productor, la brillantina representa un fallo ético de diseño. Es un producto diseñado para ser imposible de recolectar, reciclar o filtrar. Al crear un material que se dispersa por el aire y el agua sin control, la industria traslada el costo ambiental y los riesgos de salud desde las empresas hacia las personas y los ecosistemas y, lo que es más grave, hacia el sistema respiratorio y hormonal de la niñez.
UN CONFLICTO DE DERECHOS: EL MERCADO FRENTE A LA VIDA
En Chile, hemos avanzado hacia una normativa ambiental en que el Estado implementa en Zonas Saturadas por Material Particulado (MP10 y MP2.5), Planes de Descontaminación Atmosférica (PDA) y alertas sanitarias con una estrictez admirable, porque la ciencia advirtió el peligro para la salud.
Si entendemos que la brillantina coloreada, al pulverizarse por el roce o la manipulación, puede alcanzar tamaños de entre 0,002 mm y 0,006 mm (equivalente a 2 y 6 micras). Esto sitúa al «polvo de brillo» exactamente en el rango del MP2.5, las partículas más finas y peligrosas que existen. Si gestionamos la eliminación de la contaminación atmosférica con los PDA en las ciudades para proteger la salud respiratoria, es irracional que el mercado permita que la niñez genere su propia «zona de sacrificio» personal sobre sus mesas de dibujo. Si tenemos regulación y planes de descontaminación urbana, la coherencia mínima exige prohibir este material en el entorno infantil.
La persistencia de la brillantina en nuestras estanterías no es un error de cálculo, es una decisión política y económica. Se estima que el mercado global de pigmentos y efectos especiales —donde el glitter es protagonista—, mueve miles de millones de dólares anualmente. Esta rentabilidad ha creado un silencio cómplice: es más barato seguir empaquetando «residuos industriales” que rediseñar productos seguros. Sin embargo, cuando el beneficio económico de una industria depende de la exposición de la niñez a sustancias tóxicas, estamos ante una vulneración sistemática de los Derechos Humanos.
El derecho a la salud, al agua limpia y, especialmente, el Derecho a un Medio Ambiente Sano (reconocido por la ONU en 2022 como un derecho humano universal), son incompatibles con la dispersión deliberada de microplásticos. Al permitir que un producto con «hoja de seguridad industrial» se venda como «juguete escolar», los Estados están fallando en su deber de protección, priorizando la libertad de mercado por sobre el Interés Superior del Niño.
Erradicar, no solo Regular. No estamos pidiendo algo imposible.
La Unión Europea, en octubre de 2023, dio un paso histórico al prohibir la venta de microplásticos añadidos intencionalmente, incluyendo la purpurina brillante. Esta normativa no nació por estética, sino por la evidencia científica de su daño ambiental y sanitario. Si en Europa se ha reconocido que el «brillo» no justifica la contaminación eterna, ¿por qué en el resto de América y el mundo seguimos aceptando este residuo como un elemento pedagógico?
La creatividad no necesita plástico. ¿Qué podemos hacer hoy mismo?
Hasta 1934, este producto no existía. Durante mi infancia no la necesité para jugar ni para crear manualidades, así que te invito a reflexionar, ¿realmente estás dispuesta/o a arriesgar la salud de tus hij@s por un poco de brillo? Unos consejos:
-
- No compres ropa/calzado con brillantina: Si se desprende al tocarla, tus hij@s pueden respirarla.
-
- Exige etiquetado real: Tienes el derecho de conocer los riesgos físicos y químicos a los que se exponen tus hij@s con este producto.
-
- Jugar volviendo a lo natural: En el jardín o en la casa, usemos arena de colores, semillas, pétalos secos o arroz teñido con colorante vegetal.
-
- Infórmate, organízate y actúa: Comparte esta información en el jardín o escuela de tus hijos. Es muy probable que los equipos educativos desconozcan estos riesgos; ningún educador expondría deliberadamente a la niñez a un peligro semejante si supiera lo que hay detrás de ese brillo.
-
- Educa con el ejemplo: Expliquemos a las niñas que pueden “brillar” sin plástico, enséñales que su brillo viene de sus ideas y su arte, no de un producto que enferma a la Tierra y a sus cuerpos.
En resumen, aprender a decir «NO» a la brillantina es un acto de amor y una decisión de consumo consciente. Es proteger el aire que respiran nuestros niños y recuperar el derecho a una infancia sana y libre de tóxicos.
Para terminar, solo quiero agregar que mi postura como fundadora de Conciencia Verde y becaria de GAIA es clara: la brillantina es un producto sin utilidad social que justifique su costo biológico. Si el mercado no puede erradicarlo por su afán de lucro, la ley debe prohibir de inmediato su uso en la niñez. No podemos seguir aceptando que lo que es un «riesgo químico» en su fabricación sea un «accesorio de juego o belleza» en el dormitorio de una niña. Es momento de exigir una transición hacia materiales que respeten la vida; porque el derecho a respirar aire puro y a crecer en un cuerpo libre de disruptores endocrinos debe estar, siempre, por encima de cualquier cifra de ventas.
La próxima vez que veas ese brillo persistente, recuerda: no es decoración, es un residuo industrial que nunca debió salir de la fábrica.
Transformar el presente es la única forma de asegurar el mañana.
——
FUENTES:
-
- Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA). (2023). Restrictive measures on intentionally added microplastics. Recuperado de https://echa.europa.eu/hot-topics/microplastics
-
- Balwan, W. K., & Kour, S. (2021). All that glitters is not gold – The dark side of glitter. World Journal of Pharmacy and Pharmaceutical Sciences, 10(4), 1768-1777
-
- Boucher, J., & Friot, D. (2017). Primary Microplastics in the Oceans: A Global Evaluation of Sources. Gland, Suiza: UICN
-
- McAllister, M. P., & Giglio, E. (2005). The Commodity Culture of Victorian Childhood to the Contemporary Child. En The Routledge Companion to Advertising and Promotional Culture.
(Sobre la desregulación publicitaria de los años 80)
- McAllister, M. P., & Giglio, E. (2005). The Commodity Culture of Victorian Childhood to the Contemporary Child. En The Routledge Companion to Advertising and Promotional Culture.
-
- Meadowbrook Inventions, Inc. (s.f.). The History of Glitter. Meadowbrook Inventions. Recuperado de https://www.meadowbrookglitter.com/about-meadowbrook-inventions-glitter/the-history-of-glitter/
-
- Ministerio de Salud de Chile. (1999). Decreto Supremo 594: Reglamento sobre condiciones sanitarias y ambientales básicas en los lugares de trabajo. Biblioteca del Congreso Nacional de Chile.
-
- Naciones Unidas (ONU). (2022). Resolución 76/300: El derecho humano a un medio ambiente limpio, saludable y sostenible. Asamblea General de las Naciones Unidas.
-
- Quiroga, V. H., & Zanetta, A. (2022). Dificultad respiratoria aguda por ingestión de purpurina en polvo en un niño de 15 meses: una urgencia endoscópica. Archivos Argentinos de Pediatría, 120(1), e29-e33.
—————————————-
Sobre la autora
Romy Bernal Díaz es periodista, cultora del teatro de títeres, y creadora de metodologías pedagógicas que integran educación artística, educación ambiental y trabajo territorial. Actualmente, Becaria de GAIA.
