Por Romy Bernal Díaz,
Periodista, Artista Educadora y Becaria de Comunicación GAIA
Segunda patita: Del activismo territorial a la política pública.
Mi historia con la gestión de residuos no nació en una oficina, sino en el territorio.
En 2007, diseñé un proyecto de gestión de residuos que postulé al Fondo de Protección Ambiental, del entonces CONAMA (hoy Ministerio del Medioambiente) que entregaba a las organizaciones 9 millones de pesos (hoy 6 millones… y quien sabe en el futuro con la reducción del 3% del presupuesto que obliga este Gobierno a cada ministerio).
Tras la adjudicación de los recursos por parte del Centro Cultural Kuraf Werken, nos dedicamos a su construcción, durante 2008, completamente con voluntariado, para inaugurar en 2009 el primer centro de reciclaje de Talca. Era un proyecto de amor y reciprocidad con la comunidad y la Naturaleza, porque no sólo buscaba educar desde un punto limpio, sino porque erradicamos un enorme microbasural que llevaba años inserto en el barrio, convertido en un problema sanitario y contaminaba nuestro humedal urbano.
Lo tragicómico es que tuvimos que cerrar, en 2016, con la entrada en vigencia de la Ley 20.920, de Responsabilidad Extendida al Producto, REP, que tanto esperamos, discutimos y solicitamos en diálogos participativos. ¿La razón?, esta ley ordenó el “mercado de residuos» bajo una lógica neoliberal (obvio), y nos exigieron transformarnos en empresa para seguir operando, lo cual era incompatible con nuestra organización dedicada a la educación ambiental, no al negocio ambiental.
El “diseñador” de esta ley expulsó del modelo de gestión a las comunidades que venían contribuyendo a solucionar, de forma gratuita, el problema de la basura por años. Por supuesto, avalamos el bien mayor, pero no deja de ser una herida profunda, ya que fueron 8 años de trabajo invisibilizados de golpe: una relación tan larga, siempre deja una profunda cicatriz; sobretodo, cuando es un tercero el que interviene en su cierre.
Como mencioné anteriormente, nuestra forma de consumir es la que está alterando el clima. Según organizaciones como GAIA, hasta un 70% de las emisiones globales estaría asociado al ciclo de vida de los productos (extracción, fabricación y transporte). Ante esta realidad, construir una cultura Basura Cero (Zero Waste) no es una opción, sino una urgencia sistémica.
En esta estrategia, para mi, las escuelas son el territorio más crítico: es allí donde habitan las niñas, niños y jóvenes que mañana tomarán las decisiones comunitarias, económicas y políticas del país. Si no transformamos la conciencia en el aula, cualquier esfuerzo por enfriar el planeta será insuficiente.
El ANÁLISIS DE DATOS: LA AUSENCIA DE INFORMACIÓN COMO DATO POLÍTICO
Investigando para la Beca GAIA, confirmo que la ausencia de datos es, en sí misma, un dato político demoledor. Según el Directorio Oficial del Mineduc 2025, en Chile existen 10.945 establecimientos educativos, y según el Sistema Nacional de Certificación Ambiental de Establecimientos Educativos, SNCAE, del Ministerio de Medioambiente, apenas 2.362 cuentan con certificación ambiental.
Los niveles de certificación son Básico, Medio y Excelencia, y con certeza sabemos que el nivel de Excelencia exige un Plan de Gestión de Residuos operativo, estándar que hoy cumplen 1.468 establecimientos. Estamos hablando de casi mil quinientos “centros de reciclaje” disfrazados de escuelas que operan con infraestructura, comités y protocolos de separación sin recibir un solo peso de subvención escolar extra. El Estado no los reconoce plenamente como los socios estratégicos que son; sobretodo, considerando que llegar a este nivel no es un acto simbólico: requiere demostrar el retiro efectivo de materiales, registrar cantidades y probar que el reciclaje está inserto en las planificaciones de clases. En la práctica, la escuela se convierte en un “punto limpio” para su comunidad, asumiendo una responsabilidad municipal sin presupuesto municipal.
Si contrastamos la información con el mapa total del país, la realidad es otra: solo el 13,41% de las escuelas de Chile tiene una certificación ambiental que asegura un sistema de gestión de residuos auditado. Del resto del universo educativo, simplemente no tenemos certeza. Esto no significa que en las más de 9.000 escuelas restantes no ocurra nada; sabemos que existen directores comprometidos, comunidades que mantienen sus propios contenedores y talleres nacidos del puro amor por el entorno. Sin embargo, ante la falta de un registro oficial, esos esfuerzos permanecen en la invisibilidad estadística, privando a miles de establecimientos del reconocimiento técnico y el respaldo logístico que su labor merece.
¿Dónde están los datos de trazabilidad de los residuos de los establecimientos con Excelencia en el Registro de Emisiones y Transferencia de Contaminantes, RETC? las escuelas no figuran como gestores en este registro, por tanto, no forman parte de los registros oficiales visibles, lo que las mantiene en una invisibilidad estadística estructural.
Esta desconexión entre el discurso verde y la realidad logística nos arroja una conclusión preocupante: solo un poco más del 13% de los estudiantes del país participa en contextos con gestión de residuos consolidada. A partir del cruce de datos entre matrícula escolar y certificación ambiental, se estima que más de 2,7 millones de estudiantes están en establecimientos sin certificación ambiental.
Agregar, que el costo de salvar el planeta lo siguen pagando, a puro pulso, las comunidades escolares y las organizaciones territoriales. Mientras tanto, la industria se suma al reciclaje solo bajo el imperativo legal de la Ley REP; una gestión que no nace de la convicción, sino del cumplimiento de una norma que hoy invisibiliza el trabajo voluntario que las comunidades sostuvieron y sostienen durante décadas en la gestión de residuos.
LA DENUNCIA TÉCNICA: EL ORFANATO LEGAL DE LA EDUCACIÓN
Cuando tomamos la dolorosa decisión de cerrar el centro de reciclaje en Kuraf Werken, el análisis legal que envié a nuestros socios fue lapidario: éramos económica y técnicamente incapaces de cumplir con las nuevas exigencias. Hoy me pregunto: ¿conocerán realmente las escuelas las trampas que esconde el Decreto 8 de la Ley REP?
Este reglamento exige estándares de infraestructura y resoluciones sanitarias (Artículos 13 al 20) diseñados para la industria, no para los patios de recreo. Aunque el Estado no obliga “formalmente” a las escuelas a registrarse como “centros de acopio educativos”, las empuja a un limbo legal peligroso. Al invitarlas a ser ‘puntos limpios’ para la comunidad, las deja operando en la informalidad técnica: les exige la gestión, pero no les otorga el reconocimiento ni el presupuesto para cumplir con la normativa que sí se le exige a cualquier gestor privado. Es un despropósito pedagógico: tratamos a los centros de formación como galpones de acopio invisibles para el sistema, privándolos de la protección y el financiamiento que la propia Ley REP garantiza a los actores formales.
A esto se suma un vacío crítico en la subvención. Mientras el Estado seduce a las comunidades para crear «Puntos Limpios» mediante fondos concursables (como el FPA o el FNDR), el Mineduc entrega $0 pesos adicionales por estar certificado. El Estado externaliza la gestión en los hombros de los profesores y apoderados, y el resultado es una orfandad logística: la escuela se hace cargo de un residuo que la ley no obliga a la industria ni a los modelos municipales a retirar de forma gratuita. Estamos ante una obligación sin financiamiento; un mandato estatal que exige conciencia, pero entrega abandono.
La contradicción es física y peligrosa: es habitual ver campañas de recolección de pilas donde los estudiantes las acopian en simples cajas de cartón. Legalmente, si una escuela junta más de 12 kg de pilas, entra en la obligación de declarar a través del Sistema de Declaración y Seguimiento de Residuos Peligrosos en Chile, SIDREP, (Residuos Peligrosos). Al no existir retiro financiado ni contenedores normados, el Estado externaliza un riesgo químico y una responsabilidad legal de carácter industrial en la dirección y la comunidad educativa.
MOTIVACIÓN BAJO PRESIÓN: EL COSTO DE LA «EXCELENCIA»
¿Cómo pretendemos motivar a las más de 9.000 escuelas restantes a sumarse a la gestión de residuos, por ende, a la acción climática, cuando el sistema actual castiga el entusiasmo? Buscar una certificación ambiental no debería reducirse a una lucha burocrática por obtener un sello de «Excelencia». Hoy, la forma más directa que tiene una escuela de ejercer acción climática es a través de la prevención y la filosofía Basura Cero, pero lamentablemente esta labor se sostiene bajo una lógica de voluntarismo extremo.
Educar en la gestión de residuos a niñas, niños y jóvenes (NNJ) no puede ser solo un taller extraprogramático, actividades de limpieza, etc. La educación ambiental no es un accesorio del currículum, es la infraestructura ética que necesitamos para sobrevivir y, en esencia, la herramienta pedagógica más potente para formar ciudadanía crítica ante la crisis global. Bajo esta mirada, la verdadera «Excelencia» no está en el cartón colgado en la dirección, sino en transformar la escuela en un faro de sostenibilidad donde evitar que el residuo se genere sea el primer paso real para enfriar el planeta.
No necesitamos escuelas que reciclen mejor; necesitamos comunidades educativas que cuestionen el consumo y rediseñen su relación con los materiales. Mientras el sistema solo valore cuántas toneladas se envían a una planta de tratamiento y no cuántas se evitaron producir, seguiremos premiando la logística de la basura por sobre la pedagogía de la prevención.
EL LLAMADO A LA ACCIÓN: HACIA UNA INVERSIÓN EN CONCIENCIA REAL
Si recordamos que la política ambiental es un reflejo de la conciencia ciudadana, debemos entender que la educación ambiental de la mano del arte fortalecen el curriculum escolar y se proyectan como la base de la supervivencia climática. Hoy, la Ley REP se enfoca casi exclusivamente en el post-consumo (qué hacer con el desastre), mientras que nuestra propuesta se enfoca en la prevención (que el residuo no exista).
Para que el esfuerzo del profesor o la directora motivada deje de ser un acto de voluntad heroico y solitario, es imperativo que el Estado pase de la «palmadita en la espalda» a la inversión real. Es necesario:
- Reconocimiento Legal y Logístico: Que las escuelas y organizaciones comunitarias sean integradas formalmente en la Ley REP como actores estratégicos, con un sistema de retiro de residuos garantizado y financiado por los grandes productores o el municipio (según corresponda). Basta de ver a la escuela (o a las organizaciones) como un centro de acopio gratuito para la industria.
- Subvención Ambiental Directa: Que la certificación SNCAE se traduzca en un aumento permanente de la subvención escolar. No más fondos concursables «parche»; las escuelas necesitan un presupuesto operativo estable para sostener el sistema de gestión ambiental que se les exige.
- El Rol del Arte y la Cultura: Revalorizar las alianzas entre escuelas y agentes culturales. El uso del teatro de títeres (que impulsa Fundación Títeres en Red) no es un «adorno», es una metodología pedagógica para que la niñez entienda de manera lúdica y significativa las decisiones éticas que debe tomar. Reciclar es un proceso logístico, pero reducir y rechazar es un proceso cognitivo y cultural.
EL VALOR DE LO INVISIBLE
El cambio hacia una cultura Basura Cero es la vía más efectiva para frenar la crisis climática; sin embargo, para lograrlo, nuestras leyes —la de Cambio Climático, la Ley REP y la Ley de Bases del Medio Ambiente— deben dejar de ser compartimentos aislados y empezar a conversar. Solo así lograremos que miles de niñas, niños y jóvenes que hoy carecen de guías ambientales, accedan a una formación esencial para adaptarse y mitigar los impactos del mañana.
Evitar que el residuo se genere es la estrategia climática más inteligente que nuestro país puede adoptar. Aunque las leyes actuales parezcan obsesionadas con ponerle precio a lo que se descarta, la verdadera riqueza de Chile reside en una ciudadanía capaz de proteger el equilibrio de su territorio. Esta es una inversión en conciencia que el mercado no alcanza a medir, pero que la Tierra y las futuras generaciones nos agradecerán con creces.
Es hora de que el Estado entienda que la educación ambiental es la infraestructura más crítica de Chile; ya que, el cambio hacia una cultura Basura Cero no se construye con galpones industriales, sino con historias, teatro y conciencia. Mientras el sistema insista en ponerle precio a lo que se descarta e invisibilice a las comunidades que educan para la prevención, seguiremos premiando la logística por sobre la pedagogía. No podemos seguir permitiendo que la ley sea ciega ante el esfuerzo de quienes siembran el futuro; es momento de transformar la intención en inversión real, porque educar para que la basura no exista es, a fin de cuentas, la única forma de garantizar la vida.
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Fuentes:
– Ministerio de Educación. (2025). Informe Apuntes 97. Centro de Estudios MINEDUC. Recuperado de https://centroestudios.mineduc.cl
– Ministerio de Medioambiente (2025). Sistema Nacional de Certificación Ambiental de Establecimientos Educacionales (SNCAE). Gobierno de Chile. https://sncae.mma.gob.cl
– Biblioteca del Congreso Nacional de Chile. (s.f.). SIIT Estadísticas Territoriales: Número de establecimientos educacionales. Sistema de Indicadores y Estándares de Desarrollo Urbano. Recuperado el 27 de marzo de 2026, de https://www.bcn.cl/siit/estadisticasterritoriales/tema?id=52
| Radiografía de la Gestión de Residuos en Escuelas (2025) | |||
| Categoría de Establecimiento | Cantidad de Escuelas | Matrícula Estimada (Niños) | Estado de Gestión de Residuos |
| Excelencia Ambiental (SNCAE) | 1.468 | 475.043 | Certificada y Activa. Cuentan con sistemas formales de reciclaje y compostaje. |
| Nivel Básico / Medio (SNCAE) | 894 | 289.297 | En proceso. Tienen iniciativas, pero su gestión de residuos aún no es integral. |
| Sin Certificación Ambiental | 8.583 | 2.777.450 | Inexistente o Informal. La gran mayoría de los niños en Chile asiste a estas escuelas. Brecha crítica de educación ambiental. |
| TOTAL NACIONAL | 10.945 | 3.541.790 | |
Fuente: Elaboración propia a partir de datos del SIIT-BCN, Centro de Estudios MINEDUC, y SCNAE, de MMA.
Nota: Las cifras de matrícula por nivel de certificación son estimaciones proyectadas basadas en la distribución porcentual de establecimientos y la matrícula total nacional 2025.
