En esta foto es 2009, en Talca, Chile. Mi sobrino tenía solo 3 años y ya estaba en el primer centro de gestión de residuos comunitario de la comuna, en el Centro Cultural Kuraf Werken. “Centro de Reciclaje y Educación Ambiental Mensajeros del Viento”, se llamaba el proyecto que diseñé con toda mi convicción de periodista y educadora. Estábamos sembrando conciencia, enseñando que cada envase es una decisión de reciprocidad con la Naturaleza.

En 2016, tuvimos que cerrar. Ocho años de trabajo a la basura, literal.

¿Por qué? Porque se promulgó la Ley REP (Responsabilidad Extendida del Productor). Una ley diseñada desde un escritorio que ordenó el mercado de residuos, pero que, en su ceguera tecnocrática, dejó fuera a las organizaciones comunitarias. La ley no supo valorar que nuestro «negocio» no era gestionar toneladas de basura, sino educar para que no existieran.

Hoy, participando en la Beca de Comunicadores de @GAIA (Global Alliance for Incinerator Alternatives), veo datos que confirman mi urgencia: el 70% de las emisiones que calientan el planeta provienen del ciclo de vida de los productos. Nuestra forma de consumir es la que está alterando el clima. La solución es clara: Basura Cero (Zero Waste). Sin embargo, al leer las propuestas políticas globales, siento un vacío. Veo mucha técnica y poca educación crítica.

Como periodista científica que se transformó en artista educadora, tengo una certeza incómoda:

“La política ambiental es un reflejo de la conciencia ciudadana”. 

Si como sociedad elegimos gobernantes que nos hacen retroceder en lo ambiental y social, es porque hemos fallado en formar una ciudadanía con capacidad crítica. Sin educación, alternativas potentes como las de GAIA caen en terreno seco. Por eso, mi misión hoy es usar el diseño de productos educativos y el arte para traducir estos conceptos complejos a los más pequeños, crear herramientas y metodologías para educadores.

Aquí es donde actores clave como la Fundación Títeres en Red y la Red de Titiriteros de Chile se vuelven fundamentales. A través del teatro de títeres, logramos que los aspectos técnicos se transformen en historias capaces de despertar conciencia en la Niñez. La educación y la cultura no son «complementos» o algo desechable; son la base de la prevención climática.

En tiempos donde lo ambiental y lo cultural parecen perder prioridad en la agenda política chilena, nuestra respuesta debe ser la organización. No podemos dejar sola a la niñez. El cambio hacia una estrategia de Basura Cero no es solo un tema de camiones o plantas de reciclaje; es la forma más efectiva que tenemos para frenar la crisis climática, evitando que la extracción de materias primas y quema de materiales siga dañando nuestra Casa Común, a nuestra Ñuke Mapu.

Los invito a fortalecer las redes locales, a apoyar a nuestras y nuestros cultores del teatro de títeres, a las y los educadores, y, sobretodo, a entender que el poder de decidir está en nuestras manos. 

Tú, puedes transformarte y transformar a tus hij@s en un consumidor/a responsable. Usa ese poder para proteger nuestro futuro.

Romy Bernal Díaz
Periodista
Cultora del Teatro de Títeres

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