¿Cómo se define el progreso de una sociedad? Para casi la mayoría el concepto de progreso está básicamente asociado a la economía. Y, en este caso, el progreso definido en términos económicos “entraña un juicio de valor: es el tránsito de un estado de la economía a otro que se juzga más satisfactorio, el avance en una dirección que se considera positiva”. Este estado de “adelanto, avance, perfeccionamiento” que si se circunscribe sólo a la economía, no refleja el estado de avance real de una sociedad, compuesta por seres humanos y las interrelaciones que los unen.

Para mí este avance se refleja en muchas áreas y, un ejemplo de esto, está en la gestión de residuos, o mejor dicho, en el manejo de la basura (de todo tipo, aunque aquí sólo hablaremos de una clase). En lo práctico podríamos decir que si miramos como se maneja la basura en un país, podríamos revelar nuestro estado de progreso, nuestra responsabilidad con el entorno, con la Naturaleza y con nuestro prójimo.

La basura es un problema socioambiental, es un enorme problema; un problema que ha sobrepasado nuestro control e imaginación, ya que abarca una escala planetaria, en nuestro caso, una escala nacional.

Es un problema por el cual no podemos culpar al gobierno de turno, a los políticos multicolores, o funcionarios públicos y/o municipales, ya que la basura es nuestra responsabilidad, porque la generamos cada uno de nosotros cada día, en cualquier parte del mundo, a cada segundo.

Todos los días vamos sumando, gramo a gramo, toneladas de “bizarras y abstractas formaciones geológicas” en medio de nuestra geografía que un antropólogo prehistórico no podría determinar nuestro comportamiento estudiando estas descomunales montañas de basura distribuidas por todo el país.

Por otro lado, como humano buscamos embellecer todo y rebautizamos la palabra basura como residuo y su manejo como gestión de residuos y, por ende, la cadena de individuos de entidades gubernamentales y municipales, ahora sí son “culpables” si un papel o bolsa vuela libre en el viento, si una empresa contamina el agua o “compra” una quebrada para depositar sus residuos, o si las calles se “anegan” con nuestra propia inmundicia cuando los recolectores de basura se van a Paro para luchar por sus justos derechos (pregúntate por cuánto dinero trabajarías tú por recoger la basura de otro y verás que cualquier derecho reclamado es más que justo).

Es en este contexto que ciertas personas y organizaciones, alrededor de todo el mundo y en Chile, al observar este problema socioambiental aportan con iniciativas para limpiar nuestras ciudades y entornos, generando puntos limpios (o centros de valorización de residuos), tecnologías, sistemas de gestión o educando a otros cómo generar menos o nada de basura y contribuir de esta manera a resolver o mitigar un impacto ambiental que todos hemos generado con nuestra conducta.

Si te detienes un momento y meditas en lo interesante que es la idea de que si cuantificas (identificas la cantidad) los microbasurales en tu ciudad o comunidad, podrías caracterizar el tipo de persona que la habita. La verdad es que la proliferación de éstos revelaría nuestro comportamiento y la gestión de las autoridades a cargo, ya que los microbasurales son un espejo de nuestra falta de educación cívica e ineficiencia gubernamental y municipal.

Acción comunitaria

Los integrantes del Centro Cultural Kuraf Werken (CCKW) identificaron en Talca – inserto en una villa, entre dos viviendas – un sitio eriazo utilizado por años como microbasural por los vecinos. Algunas personas trataron de hermosear el lugar con árboles para que vecinos cercanos y de cuadras lejanas no arrojaran su basura en el lugar, sin buenos resultados. Batallas campantes de diálogos mordaces se desarrollaron largo tiempo para cambiar dicha conducta – a las que también se sumaron integrantes del CCKW – pero los argumentos pacíficos y acalorados no convencieron a las y los individuos que se creían con el derecho de arrojar sus desperdicios en aquel punto.

Fue así que en 2006 el CCKW decidió solicitar al municipio el sitio en comodato y construir el Centro de Reciclaje y Sensibilización Ambiental Mensajeros del Viento. Propuesta que fue aprobada por unanimidad por el concejo municipal de la época. El 2007 la organización postuló a un Fondo de Protección Ambiental – de la entonces CONAMA Maule – para construir dicho centro, proyecto que fue seleccionado, por lo que el 2008 el CCKW se centró en su construcción y a principios de 2009 se inauguró el primer punto limpio abierto a la comunidad de Talca.

Desde entonces la organización ambiental ha mantenido con voluntariado la gestión del Centro de Reciclaje (o punto limpio), encontrándose en el trayecto con problemas de financiamiento y logísticos, pero con esfuerzo y dedicación se ha mantenido hasta el 2016. Por ello, con esperanza y regocijo se esperó la Ley de Reciclaje (Ley 20.920) la cual auguraba un apoyo estable en esta tarea incesante y agotadora de mantener sin recursos económicos una iniciativa que en “teoría” debería ser ejecutada por entidades gubernamentales y/o municipales con personal y fondos para su estabilidad y ampliar su cobertura.

Sin embargo, la Ley 20.920 nació y con ironía empujó al cierre del Centro de Reciclaje del Centro Cultural Kuraf Werken, esto debido a que indica lo siguiente:

  1. Un gestor debe estar autorizado y registrado en conformidad a la normativa vigente, y ofrece servicios de recolección y tratamiento. => El CCKW no ofrece este tipo de servicios.
  2. El reciclador base es una persona natural y las personas jurídicas deben estár compuestas exclusivamente por personas naturales registradas como recicladores base.  => El CCKW no tiene recicladores base, por ende, quedamos excluidos como operadores de residuos.
  3. Los recursos económicos establecidos en la ley son sólo para municipios. => Sin recursos para el CCKW es difícil continuar con su gestión debido a la envergadura que la iniciativa ha alcanzado.
  4. Asimismo, la Ley exige estándares de recepción y almacenaje que respondan a los requisitos de la autoridad sanitaria, permisos de edificación, etc. => El CCKW no posee ningún tipo de recurso económico para responder a las nuevas exigencias.

Cierre inminente que fue confirmado en el Seminario Regional “Mis Residuos, Mi Responsabilidad” que realizó el Ministerio de Medioambiente (el pasado 1 de Diciembre de 2016 en Talca), oportunidad donde la profesional Ximena González de la Oficina de Residuos y Riesgo Ambiental, de dicho ministerio, señaló en una conversación directa que estábamos obligados a cerrar porque la ley no nos contempla. O nos dedicamos a la gestión de residuos como empresa, lo cual es imposible porque somos una organización sin fines de lucro y nuestros objetivos no responden a esta figura; o el municipio nos incorpora a su sistema de gestión o programa de gestión de residuos, y si no tiene, entonces quedamos fuera del sistema.

Agregar que para continuar con el Centro de Reciclaje, que ya llevaba 8 años de existencia (13 como organización), el Centro Cultural Kuraf Werken postuló a los Proyectos Sostenibles, del Fondo de Protección Ambiental 2017, del Ministerio de Medioambiente; fondo que habría permitido fortalecer el trabajo en la gestión de residuos en la comuna por dos años, pero lamentablemente tampoco fue favorecido.

Sin recursos, con la Ley en contra y limitando el voluntariado y nuestro accionar, nos vemos obligados a cerrar el Centro de Reciclaje. Nos vemos obligados a decir adiós al primer punto limpio con administración estable de Talca; nos despedimos de 8 años de trabajo voluntario; de revisar bolsas mal embaladas; de cargar camionetas de cartón y papel; de recibir ecoladrillos; de evitar cortaduras por vidrio suelto (aunque siempre indicamos que sólo recibíamos botellas enteras); de llamar una y otra vez a empresas de otras regiones para ofrecer tetrapack a sus programas de reciclaje, pero que rechazaron por encontrarnos fuera del área metropolitana. Un adiós que provoca añoranza, pues mucha gente colaboró con sus residuos, con difusión, con recursos para la ampliación de contenedores, con voluntariado para operar el retiro de los residuos, etc.

Pese a esto, no lloren por nosotros, no desaparecemos como organización, sólo decimos adiós al “punto de acopio”, pero continuaremos protegiendo el medioambiente desde otros flancos y reestructuraremos los contenedores para desarrollar nuevas propuestas de educación ambiental.

La Ley de Reciclaje no nos contempló como entidad y probablemente muchas otras organizaciones de voluntariado en el país descubrirán que tendrán el mismo problema. Pero ojo, no se confundan, estamos felices por esta Ley que impone y amplía la responsabilidad en la gestión de ciertos residuos a las empresas generadoras, ésta Ley es más de lo que teníamos y esperamos que con cada día mejore. Sólo esperábamos ver recompensado normativamente todo nuestro esfuerzo cuando mucha gente creía que “el reciclaje” no era una conducta que se podía enseñar, ¡nosotros, demostramos que sí!

La verdad habríamos esperado que la Ley no sólo se centrara en el concepto empresarial-económico y que hubiese contemplado que en la gestión local no sólo existen los municipios sino una serie de organizaciones que trabajan para resolver diversos problemas socioambientales con sólo amor, voluntad, y autogestión.

Para despedirme, un consejo. Ojalá la próxima redacción normativa incluya a las organizaciones de la Sociedad Civil, no sea que el hábito de dejar fuera a la comunidad organizada en la construcción de los cuerpos legales aleje aún más de la realidad a los legisladores y el amor de las masas se transforme en indiferencia y, finalmente, se vuelque a la anarquía.


1 ) JULIO H. G. OLIVERA (1929 – 2016), ECONOMISTA Y DOCTOR EN DERECHO ARGENTINO.
2) DEFINICIÓN DE PROGRESO DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA.
3) LAS MENTES DISEÑADORAS DE LA NORMATIVA SUPUSIERON QUE EXISTIRÍA LA VOLUNTAD POLÍTICA Y ADMINISTRATIVA  PARA GENERAR INICIATIVAS DE GESTIÓN DE RESIDUOS EN TODOS LOS MUNICIPIOS.